Un paraíso de guadua

La biblioteca de Guanacas (Cauca)

Un paraíso de guadua

Con más de 6.000 libros, la majestuosa estructura cumple 10 años de fundación. Un refugio para pobladores y visitantes.

Más de 20 niños llegan a diario a la biblioteca de Guanacas, ubicada en el resguardo indígena de Yaquivá, en el Cauca. / Cristian Garavito

Cargados con cuadernos y colores de madera, una docena de niños se pasea por los alrededores de la biblioteca pública Casa del Pueblo. Son campesinos e indígenas del resguardo de Yaquivá que recorren ansiosos la cancha de fútbol a la espera de que llegue Rafael Trujillo, el encargado de abrirles la puerta y sugerirles los mejores ejemplares de la colección. Tan pronto escuchan el sonido de las llaves y el leve forcejeo del candado, los pequeños se acercan en estampida. Acaban de terminar su jornada académica en el colegio Guanacas, en el municipio de Inzá (Cauca), y no saldrán de su nuevo refugio hasta que los sorprenda la noche. Su cita con los libros es sagrada.

Entre ellos está José Manuel, de 11 años, quien desde que aprendió a leer no ha faltado a la biblioteca. “Ha leído toda la colección de libros infantiles y ahora se está dejando envolver por la literatura de los más grandes”, cuenta Rafael. El pequeño, hijo de labriegos, siempre se aleja del grupo con un texto bajo el brazo, se sienta en uno de los cubículos que en su parte posterior tienen pintados los rostros de los líderes de la zona, y no lo vuelven a ver hasta las 8:00 p.m., hora en la que debe regresar a casa. Ya no ruega para que lo dejen allí más tiempo. Sabe que los horarios son estrictos.

Y es que la Casa del Pueblo cumple con todo rigor el postulado de Borges, quien imaginaba que el paraíso sería algún tipo de biblioteca, un universo ilimitado y periódico, en donde, a fin de cuentas, reinaría una felicidad tranquila. Sus pobladores la han vivido de esta forma. Su estructura, hecha en guadua, su imponente arquitectura y el espacio que les brinda para encontrarse y limar asperezas —como ellos así lo admiten— les ha permitido llevar una nueva vida en medio de una región apartada de las grandes ciudades y estigmatizada por la violencia.

Desde hace 10 años, cuando fue inaugurada, se marcó un punto de inflexión en su devenir cotidiano. Luego de distintas propuestas hechas por Miguel Ángel Arias y Eliécer Morales, quienes hacían el bachillerato en el Instituto de Promoción Social de la vereda, y con la ayuda de dos estudiantes de último semestre de arquitectura de la Universidad Javeriana, la obra recibió el respaldo económico de la Embajada de Japón y del Ministerio de Cultura.

Toda la comunidad trabajó hombro a hombro para ver materializado el sueño de llevar educación a una zona en donde imperaba el abandono y la falta de agua, pero también el deseo de crecer intelectualmente. Uno de los argumentos de los gestores del proyecto para recibir los recursos consistía en que era necesario construir primero un espacio en donde se formara a la comunidad, para luego gestionar los proyectos materiales que también necesitaban y aún requieren. “La idea es que los habitantes de Inzá se profesionalicen, y la mejor manera es garantizando un lugar de estudio”, dijo entonces Miguel Ángel.

Hoy, sobre los estantes reposan más de 6.000 libros en todas las áreas de conocimiento y 130 de ellos son estudios históricos y antropológicos de Inzá y sus alrededores. La colección ha servido para que los lectores entiendan el pasado para vivir el futuro.

Con concursos de cuento y poesía y talleres de lectura en voz alta, se celebrará la primera década de vida de la Casa del Pueblo. Una fiesta literaria de la mano de los más grandes de todos los tiempos —como decía Sabato—, esos que nos entregan a los abismos del corazón humano, la belleza y el sentido de la existencia.

jmoreno

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