Apología de la guadua – Uriel Salazar Ceballos

Apología de la guadua – Uriel Salazar Ceballos

La guáduba para otras culturas latinoamericanas, es la guadua para la colombiana, identificada como especie de bambú, cuyos desarrollos alcanzan alturas como si fueran palmas.

Acerca de este vegetal se han tejido leyendas tan variadas, como la que raya con el mito afirmando que sirvió de pasto o de forraje para los dinosaurios, hasta la más parroquial que la asimila como insumo para labores artesanales, luego de cumplir su principal misión histórica en la época de las fundaciones, sirviendo como material para construir las casas y levantar poblados.

Precisar los usos de la guadua exige recordarla como pilar o como viga, como varillón para cargar tejados, o cercado para cuidar tierras amadas.

Hecha la incisión en su tejido, se abre generosa como esterilla para cubrir del frío, guardar intimidades, o como estaca para indicar huertas caseras, patios domésticos, o señalar rumbos enmarcando caminos que conduzcan a las bienaventuranzas.

Femenina por género, se le ve airosa exhibiendo donaires, expresando susurros y, a veces maquillada guareciendo tersuras de una piel que es pura y casta.

Qué útil y qué bella es la guadua cuando conduce las aguas abundantes que ruedan por los techos, cuando las trae de los arroyos, o de las fuentes montesinas.

Multifacética, muestra sus robusteces vecinas a la tierra, o la delgadez filamentosa de sus ramas lanzadas al viento para bailar la danza indescifrable de los aires.

Además de cuna, puede servir de féretro. Con ella pueden levantarse hogares tibios para albergar amores, o utilizarse para apuntalar pasados cuando una fuerza ciega los desploma y taladra, porque solícitamente se presta para construir sueños, o reforzar esperanzas cuando las tragedias se desatan.

Desde un rústico cambuche puede encumbrarse hasta las casonas de sangre aristocrática y, cuando todo falta, aparece ella, la guadua, con todos sus ardores para dorar los panes y calentar las almas.

Puentes colgantes y atirantados de impresionante precisión de ingeniería, poderosas embarcaciones, así como flautas, quenas y marimbas, han sido realizados desde la época de preconquista hasta La Colonia, habiendo sido la encargada de proteger a los indios y hasta los pequeños pueblos del asedio, escondiéndose detrás de su espesura.

Una visión amplia ha permitido encontrar en este “acero vegetal” un sinnúmero de posibilidades y ventajas aplicadas al campo industrial, con excelentes resultados económicos, enorme rentabilidad, amplio protagonismo de productos en los mercados internacionales y un desarrollo tecnológico efectivo para su procesamiento.

La guadua es, pues, el mejor adorno natural, ya que, por sí misma, ella es madera turística para los visitantes de esta región, que permite proyectar una imagen única de este corazón verde de la Patria.

http://www.cronicadelquindio.com/noticia-noticia_opinion-seccion-opinion-titulo-apologia__de_la_guadua-op-9219.htm

Cordialmente
GUSTAVO TENECHE
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Pro 20:15 Podrá haber mucho oro, y muchas piedras preciosas, pero nada hay más valioso que las enseñanzas del sabio.

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